Un área de juego para todos

Un día un grupo de madres llevan a sus hijos a jugar a un parque nuevo con una gran área de juegos infantiles pensado en la familia. Hay niños con edades que van desde 2 años hasta los 13 años. Es un día soleado, fresco y cuentan con todo el día para jugar y disfrutar una deliciosa merienda con sus madres y amigos. De pronto, a lo lejos se divisa el área infantil de juegos y todos los niños corren felices hacia ese lugar, deseosos de jugar. Cuando finalmente llegan, se quedan contemplando maravillados cada uno de los juegos disponibles. Las madres horrorizadas ven a sus hijos más pequeños tratando de subir toboganes tan altos que una caída podría ser fatal, los cuales son de hierro y cuyas escalinatas son tan perpendiculares que es dificultoso escalarlas, incluso para los niños grandes. Los columpios son hechos de hierro pesado con bordes filosos, sillas altas y cadenas de hierro gruesas, no aptas para que un niño pequeño pueda columpiarse solo, o con ayuda, pues sus pequeñas manos lograrían sujetarse siquiera. No hay grama, ni arena en el piso, solo piedra filosa y muchos de los niños se dañan sus rodillas al correr y caer encima de ella. Hay varios pasamanos fáciles de escalar pero cuyas barras tienen tanta distancia entre sí que un niño de 5 años queda colgando sin poder tomar la siguiente barra, así que su mamá tienePLAY DAÑADO que ayudarlo a bajar, mientras los niños más grandes encuentran divertidísimo todo el esfuerzo que deben hacer para pasar cada una de las barras. Hay varios “sube-baja” pero solo los niños mayores pueden usarlos debido a su altura, peso y tamaño. Hay un columpio apto para niños pequeños el cual debe ser compartido entre varios y sus madres batallan, entre las lágrimas y berrinches de sus hijos, el turno de cada uno. Hay un pequeño tobogán de plástico, pero es tan pequeño que solo los niños de 2 y 3 años lo disfrutan, así que los mayorcitos se aburren y vuelven a tratar de escalar los toboganes para niños grandes. En fin, lo que debió ser un día de entretenimiento, se convirtió en una lucha campal entre la seguridad de los niños y su diversión.

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Se presenta el administrador del nuevo parque y ante las quejas de las madres sobre la planificación de dicha área de juegos, la cual no consideró las necesidades de niños de distintas edades, la respuesta de éste fue: “… la culpa no es de nuestra planificación, se planeo un área de juegos infantiles y aquí está. La culpa es de los niños que no pueden jugar.” Claro, es culpa del niño…Esa respuesta me parece conocida pero en otras circunstancias.

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El síndrome de Down es una condición genética que siempre ha existido. En el pasado, probablemente debido a la falta de información y atención médica idónea, muchos niños morían a edades tempranas al nacer con ésta sobre todo por afecciones cardíacas sin tratar o falta de desarrollo de otros órganos internos. Los que lograban seguir con vida, presentaban un desarrollo muy inferior en comparación con otros niños a raíz de limitaciones físicas que pueden acompañar al síndrome, tales como problemas con la vista ( 60% los presentan), problemas auditivos ( 40-50% los presentan causado por problemas en la estructura de sus oídos y nariz, falta de maduración del nervio auditivo, entre otras causas), problemas de tiroides, infecciones crónicas del sistema respiratorio, entre muchos otros los cuales son completamente tratables en la actualidad y que no representarían mayor problema para ninguna persona. Sin embargo, en un pasado no tan lejano, un niño con síndrome de Down no era atendido en forma integral y al presentar una o todas esas características el niño no podía desarrollarse a su máximo potencial pues sus problemas secundarios no eran corregidos oportunamente (uso de anteojos, uso de audífonos, medicación para la tiroides, atención preventiva de alergias para evitar crisis respiratorias, etc). Todo lo anterior, dio origen al mito: la persona con síndrome de Down no podía aprender porque estaba muy “enferma”. Sin embargo, ¿qué persona, con o sin éste síndrome, se puede desarrollar plenamente si presenta problemas de la vista, problemas de audición, alergias, problemas de tiroides entre otros, sin ser tratados oportunamente? Seguramente, casi ninguna lo lograría. Pero, irónicamente, culpan a nuestros niños por su falta de “capacidad” para aprender. Actualmente, se debería contar con los recursos necesarios para tener una mejor calidad de vida, sea cual sea el origen de la necesidad ya que dichas deficiencias las puede presentar cualquier niño. En el caso del niño con síndrome de Down, es más probable que presente algunas o todas…o ninguna, esto dependerá de su propia y única composición genética, como en cualquier ser humano.

Por lo tanto, el apoyo que debemos dar a los niños nacidos con síndrome de Down u otra condición son prácticamente los mismos que para cualquier otro niño: eliminar barreras que les impidan lograr su máximo potencial, sea cual sea éste. Para unos niños será llegar a ser un atleta olímpico, científico, un gran profesional, en fin, cumplir todos sus sueños y anhelos, para otros será aprender a comer solo, a caminar, a leer, a hablar. No importa lo compleja o sencilla que pueda parecer la habilidad, el punto siempre será que el niño alcance su potencial propio y único como persona. Muchas veces es más fácil culpar al niño, encasillarlo, etiquetarlo que considerar este apoyo que le permita también disfrutar las mismas oportunidades de las cuales todos tienen derecho de gozar. Y la única forma es: quitando las barreras que impiden el desarrollo, disfrute y aprendizaje adecuado de un niño.  Así los colegios, las escuelas, los trabajos y la sociedad en general se darán cuenta que no es ” culpa del niño”, sino nuestra. Queremos UN AREA DE JUEGO PARA TODOS!

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Reflexión publicada en la revista Ser y Crecer Estados Unidos en la sección “Nuestra historia” por Arlyn Alfaro, autora, mamá de Jimena y Felipe y editora de “El Felipe de mamá”. Reflexión editada para publicarse en éste blog.

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