El camino a las terapias- segunda parte

Diseño de un “plan” de terapias para Felipe

De regreso a República Dominicana, debía trazar un plan. Sentía el tic tac de un reloj imaginario sonando cada vez mas fuerte en mi cabeza conforme pasaban los días  y aún no había resuelto qué iba a “planear” en temas de terapia para Felipe.  Luego de leer cuanto libro pude, de hablar con muchas madres y de sopesar tanta información lo único que me hacía sentido era el camino de la terapia física y estimulación. Aunque no me lo crean, hay otros caminos, o al menos esa fue mi experiencia pero luego hablaré de ese tema.

¿Qué importancia le di a la terapia física?

Si quería darle a mi hijo la oportunidad de desarrollarse como un niño normal tomando en cuenta su condición, debía empezar fortaleciéndole su cuerpecito de tal forma que pudiese realizar las acciones típicas de un niño. ¿Porqué? Porque Felipe es primero un niño y luego tiene Síndrome de Down.

Mi “personal trainer”!

Llegamos a las manos de una gran terapeuta física quien trabaja principalmente con niños. Ella ha resultado ser mi compañera de trabajo junto con la profesional encargada de la neuroestimulación de Felipe. Las tres hemos venido trabajando juntas tanto el fortalecimiento físico de Felipe como su estimulación.

El objetivo es fomentar el desarrollo cognitivo através de la actividad física, es decir, el juego y la exploración libre en el caso de mi hijo con Síndrome de Down.

Mi terapeuta de estimulación

Voy a ponerlo en palabras de mamá: el bebé trae en forma natural y organizada neurológicamente ( o sea, en su cerebrito en forma natural) una serie de movimientos que va realizando paso a paso ( conocidos como “milestones”) desde el sostener la cabeza hasta llegar a caminar, correr, saltar, etc. Cada uno de estos logros requiere de fortaleza física y libertad de movimiento junto con incentivos para moverse, es decir, juguetes o actividades que lo motiven a realizar una u otra acción. Por suerte vivimos en un mundo mucho más enfocado en la estimulación infantil en comparación con el mundo de mi mamá. Yo me pregunto, ¿qué hubiese sido de mí si mi mamá me hubiera dado todo lo que le damos a Jimena y a Felipe en términos de estimulación? Al rato hubiese sido más inteligente, más segura de mi misma, bailaría mejor, tocaría algún instrumento, sería buena en las matemáticas, no sé, tantas cosas que me hubieran gustado hacer.

Mi primer logro

Lo primero que iniciamos a trabajar fue el fortalecer el cuello de Felipe. Atraves de una serie de ejercicios que “inventamos” hacer sobre una cuña de espuma, Ma Elena colocaba a Felipe y realizaba los ejercicios de estimulación necesarios para que él logrará reaccionar y levantar su cabeza por sus propios medios.

En éstas fotos Felipe tenía casi 10 semanas ( noviembre 2011 ) y aun tenía muy débil su cuello. Lloraba mucho tras el esfuerzo que significaba para él tener que reaccionar a los estímulos que se le aplicaban a su espaldita. Esto es algo que me ha convencido de la terapia física: el niño debe hacer el esfuerzo para generar el movimiento o la acción que hace trabajar sus músculos correctamente. Su fortaleza y lucha me han conmovido profundamente. Nada le ha sido fácil.

Al cabo de unas semanas, los resultados eran demasiado obvios: ahí estaba mi campeoncito levantando bien su cabecita a principios de diciembre del 2012!!

Y ya ésta era su posición en enero del 2012! Todo un experto, verdad? Listo para empezar a explorar más su mundo!

Yo he sentido varios “giros” en el comportamiento de Felipe a raíz de todos esos pequeños logros físicos con la ayuda de la terapia: cuando sostuvo su cabecita, cuando su tronco empezó a fortalecerse y empezó a girar hacia un lado y hacia el otro, cuando logró sostener su tronco en la posición de sentado lo que ayudo ha iniciar el rolido a los 7 meses y ahora con 10 meses  ha empezado a arrastrarse en patrón cruzado. Cada logro ha significado para él un mundo mayor de posibilidades.

Hoy día, mientras escribo estas palabras, soy completamente otra persona a quien fui antes del nacimiento de Felipe. Pero para bien, por supuesto. Soy más feliz, más enfocada en lo importante, con muchos deseos de vivir porque siento verdaderametne que la vida es una gran aventura que tengo que experimentar a cabalidad. Todo gracias a un TERCER CROMOSOMA que se metió por ahí en nuestras vidas!

En todos estos 10 meses de vida de mi hijo, he podido aprender, compartir y asimilar muchas de las batallas que mi pequeño hijo va a tener que afrontar con la meta de que lleve una vida lo más normal e inclusiva posible. Por otra parte, sé que mi hijo no será como Jimena ( mi hija regular de 3 años) pues para él todo tendrá un doble esfuerzo y es algo real en la vida de un niño diagnósticado con ésta condición. Pero también he podido vislumbrar, constantemente y en muchísimas formas muy sutiles, que el gozo como padre de un niño con Síndrome de Down es doble cuando logran pequeñas metas que damos por sentado con un hijo regular. También he podido mirar claramente como la luz del día, la felicidad de nuestro hijo al sentirse amado, apoyado y estimulado a dar lo mejor de él mismo. ¿Cómo no estar locamente enamorada de este gordo bello? Es un gran campeón. ¡Viva el Síndrome de Down!

2 pensamientos en “El camino a las terapias- segunda parte

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