Disciplina en los niños con síndrome de Down: así lo resolví

II Parte: y así lo resolvimos…

Siguiendo la historia sobre la disciplina en niños pequeños con síndrome de Down, recapitulo un poco para aquellos que no leyeron la primera parte (https://elfelipedemama.com/2015/05/02/disciplina-en-un-nino-con-sindrome-de-down/). Cuando Felipe estaba por cumplir 2 años de edad lo llevé a una evaluación cognitiva completa cuyos resultados los he utilizado como objetivos en los planes de estimulación que he usado con él desde pequeño.

En ésta evaluación, truncada por el comportamiento indisciplinado de mi pequeño y adorado  terremoto, tuve que hacer frente a una realidad que no creí fuera parte de nuestras vidas: no estaba haciendo absolutamente nada correcto en la forma de encauzar las energías y comportamiento de mi hijo.

Una siempre quiere que te alaben por lo bien que “vas haciendo tu trabajo de madre” reflejado en todos los logros de tus hijos, ¿o no? Al fin y al cabo, bastante responsabilidad tenemos en lo que llegan a convertirse. Sin embargo, hay hijos que generan más trabajo que otros. En mi caso, mi hija mayor es una niña de manual. Verdaderamente creo que mi esfuerzo en corregirle ciertos comportamientos es ínfimo comparado con lo que ha sido corregir a Felipe. Cuando ella era pequeña, como de 1 año, implemente “la esquina del tiempo fuera”. Allí la ponía de pie cuando hacia algo indebido. De todas las veces que la usamos, la mayoría fue porque ella misma se iba allí cuando hacia algo que sabía no debía hacer. Cuando la encontraba en la esquina, tenía que preguntarle qué había hecho mal y ella misma me lo decía. Esto no venía en el artículo que leí sobre “el tiempo fuera” como medida para modificar una conducta…

Con la humildad que amerita la ocasión, el resultado de la evaluación no fue precisamente un plan de actividades de estimulación ni una alabanza a mi trabajo sino más bien una cita con la psicopedagoga de la institución. Inicialmente, creí que dicha cita sería para atender a Felipe pues, en definitiva, era él quien estaba arrasando con la oficina de la especialista. Estaba muy equivocada. Era para mí.

La cita con la pedagoga: no vi lo obvio.

Nunca me había tocado hablar con una profesional en psicología sobre mi experiencia personal a la hora de enfrentar el diagnóstico de mi hijo al nacer.  Con la ayuda de Dios, mi esposo y de muchas madres que escriben sobre el síndrome de Down, me fui llenando de fe, alegría y fuerzas para luchar por el bienestar de mi precioso hijo. Pero los prejuicios y etiquetas aún estaban ahí escondidas en mi mar de emociones y pensamientos. ¿Qué estaba haciendo mal con mi hijo? La pedagoga ingeniosamente y con la sutileza de años de experiencia, me fue llevando poco a poco al fondo de la cuestión. La culpa era completamente mía, no de mi hijo. Su síndrome de Down no tenía absolutamente nada que ver con su comportamiento, aunque si lo influye. La buena noticia es que es modificable como todo en la condición humana. Mi problema era muy sencillo, pero cargaba una historia detrás: tengo un niño con casi 2 años de edad que aún gatea. Mi hija mayor gateaba a los 9 meses, así que lo trataba como tal, como un bebé de 9 meses. Mi mente me estaba jugando una treta. Y este es un error que muchos cometemos con nuestros hijos en general: los tratamos como bebés todo el tiempo o, por otra parte, esperamos que se comporten como adultos con apenas 3 años.

La psicopedagoga me dijo: “Debes empezar a tratar a Felipe como el niño de 2 años que es. El tiene obligaciones y responsabilidades de niño de 2 años y debes exigirle más para que él siempre tenga una siguiente meta que alcanzar.” Sus palabras retumbaban en mi recién removida mente.

La puesta en marcha

Sinceramente, no me sentía capaz de hacerlo. “¿Cómo iba a regañar a mi pollito precioso? Yo no puedo ser brava con él, sus ojitos y sonrisa siempre me vencen.”, le respondí. Gracias a Dios por las personas profesionales que nos ayudan sino estaría perdida. Ella y yo discutimos varias pautas:

 1.       Buscarle un lugar en la casa para su “tiempo fuera”

Hay que buscar un lugar alejado de distracciones donde ponerlo cada vez que hacía algo indebido. Ponerle un tiempo razonable que puede ir desde 30 segundos hasta un minuto por año de edad. Para nosotros es muy poco tiempo pero para un niño inquieto es una eternidad.

sillita

2.       Mamá o papá siempre deben de ganar.

A diferencia de mi experiencia con mi hija mayor, cuando sentaba a Felipe (porque de pie nunca se iba a quedar) en su sillita en la esquina de tiempo fuera, debía sentarme frente a él y sujetarlo de los hombros y no dejarlo ponerse de pie hasta que terminara de contar 25. Si lo soltaba y trababa de levantarse, le volvía a decir: “No jalar el pelo a tu hermana, y por levantarte, contaremos de nuevo.” Así se me fueron muchísimos minutos, pero al final, varias semanas o meses después según el caso, mamá ganó.

castigado en casa

 3.       Usar un tono de voz firme y calmada…y sobretodo no reír.

Aunque nos desespere la cantidad de veces que debemos corregir debemos usar el mismo tono de voz y retomar la medida de corrección hasta que el niño entienda lo que se le está pidiendo corregir. Felipe es un gran manipulador y sabe que sus sonrisas y payasadas me derriten, así que uso doble dosis de autoridad pues el resultado lo vale. La verdad que en esto, su papá es muchísimo mejor que yo.

4.       Evitemos tornar la disciplina en una lucha sin fin contra el niño.

Sucede en muchas oportunidades: se castigan a los niños solo por ser niños. Eso destruye su espíritu, su amor y valor propio. Los niños juegan, crean, pintan, usan su imaginación y, sobretodo, necesitan movimiento pues solo los adultos podemos pasar horas viendo televisión, compartiendo en una mesa con amigos o haciendo nada. Debemos seleccionar los comportamientos ha modificar y ser consistentes. No podemos regañar al niño un día por hacer una cosa y al otro día dejarlo pasar. La consistencia es clave para modificar el comportamiento de un niño con síndrome de Down, o de cualquier otro.

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 5.       La actividad física como un estímulo sensorial y modulador.

Hay personas que consideran un niño “educado” aquel que puede pasar horas viendo televisión o jugando vídeo juegos sin molestar a nadie. Eso está creando niños con Déficit atencional y disfunciones sensoriales innecesarias. La actividad física es indispensable en los niños pequeños. Una salida al parque, a caminar, hasta clases de natación o una sesión de juego activo con el niño, contribuye a una mejor recepción a las instrucciones y mejora su comportamiento.

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6.       Si queremos niños respetuosos debemos ser respetuosos hacia ellos.

Si esperamos el mejor comportamiento en nuestros hijos, debemos respetar sus tiempos. Aunque necesiten nuestro apoyo y auxilio constante, ellos se asumen personitas individuales sin importar que tengan síndrome de Down. No son ángeles, no son el baluarte a la paciencia y tolerancia absoluta, son personas con necesidades, gustos y momentos propios. No son una extensión nuestra. Por lo tanto, debemos respetar sus horas para dormir, sus alimentos favoritos, sus juegos favoritos, hasta su necesidad de atención y cariño de nuestra parte incluyendo el tiempo de jugar. Todo esto genera seguridad y respeto de tu hijo hacia ti.

7.       Debemos buscar formas en que el niño pueda comunicar sus necesidades.

Un reto importante en un niño con síndrome de Down es la comunicación. Debemos facilitarles formas para comunicar sus necesidades o situaciones. Desde el uso de señas hasta el uso de imágenes, lo ayudará a mantenerse más tranquilo y menos frustrado. Pero nunca creamos que por no hablar claramente, no entiende bien nuestras palabras e instrucciones. Usemos lenguaje adecuado para un niño: frases cortas, sencillas y claras, sin muchas explicaciones amplias como lo haríamos con un adulto.

 8.       Lo que se hace en casa, se replica afuera y viceversa.

Muchas de estas mismas pautas es importante acordarlas con las maestras de kínder o escuela también. El hecho de tener síndrome de Down no justifica que el niño salga del aula cuantas veces quiera, se ponga de pie, no siga instrucciones, tire juguetes, golpee a sus compañeros, etc. Las maestras deben aplicar la autoridad con amor y paciencia, así como haciendo los ajustes necesarios para buscar una forma de mantener al niño interesado y aumentando su capacidad de atención. Se da con cierta frecuencia, que los mismos educadores permiten esos comportamientos porque es “un niño especial con síndrome de Down y eso es normal”. Debemos trabajar muy unidos con las personas encargadas de la formación de nuestros pequeños también, ellos deben contar con nuestro apoyo.

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Tanto padres como personas avocadas a generar conciencia sobre el síndrome de Down no lograremos calar profundamente en la mentalidad de la gente en la forma como lo hará una persona con trisomía 21 cuando, por sus propios méritos, logre un lugar de valor y reconocimiento en la sociedad. Si pedimos la oportunidad para ellos, estamos en la obligación de formarlos para sacar el máximo provecho de ésta. Solo así los mitos serán cosa del pasado y el síndrome de Down un color más en el arcoíris de la diversidad humana.

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7 pensamientos en “Disciplina en los niños con síndrome de Down: así lo resolví

  1. hola soy padre de un niño de 12 años con síndrome de down,el esta en la edad del desarrollo y no se si esta es la causa de un comportamiento que esta teniendo que cuando le quito algo que esta haciendo,de repente se pone agresivo llegando a pegarme a su mamá o a mi, esto me esta preocupando porque ya tiene bastante fuerza y no quisiera se me fuera de las manos este comportamiento, me podría dar algún consejo al respecto.

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