Nuestra historia

Creo que todo comenzó con el nacimiento de Jimena, nuestra primer hija, quien es una niña regular y del tipo “bebé de manual”. Ella nació en noviembre del 2008 y desde su llegada, al igual como nos sucede a todos los que nos convertimos en papás por primera vez, nuestra vida cambio completamente. Fue una mezcla entre la convicción de que algo había cambiado para nunca volver a ser igual, la ansiedad de la experiencia y la felicidad de ver esa personita crecer. Cada día eran sorpresas y, en mi caso, angustia por estar haciendo las cosas correctamente para ella. Para quienes me conocen, tiendo a ser un poco “obsesiva” en cuanto al cuidado de mis hijos: yo quiero hacer todo, estar en todo momento. Quiero hijos felices y seguros de si mismos, independientes y con ganas de vivir todo lo que esta vida les ofrezca. Bueno, ¿quién no quiere eso para sus hijos? Talvez no soy tan “obsesiva”.

Listos para pedir el próximo!

Tan pronto nos estábamos “recuperando” de los primeros meses de vida como papás de Jimena, mi esposo Franz y yo empezamos a pedir nuestro segundo bebé.  Estábamos locos por volver a experimentar el embarazo, el nacimiento y el tener otro bebecito en la casa. Sería más fácil: aun teníamos la casa llena de pañales, biberones, comida para bebe, juguetes, igual estábamos trasnochados, cansados y Jimena ya casi caminaba. Lo mejor de todo es que ya sabíamos que iban a sobrevivir y no les pasaría nada: no se envenenan si se vuelven a meter en la boca el chupón recién caído al suelo, no se quiebra si se cae jugando en el piso, los pequeños grumos en la comida no la atragantan, no darle una misma fruta por 3 dias consecutivos no va a generarle alergias de horror. En fin, estábamos listos.

En medio de las preparaciones para mudarnos a vivir a la República Dominicana nos llegó la noticia: estábamos nuevamente embarazados! Nos sentimos muy felices. Así que, con la seguridad que da la experiencia, saqué mi cita médica de control de “rutina”. Poco sabía en ese momento que la vida como padres podría tomar otro rumbo distinto a la típica familia feliz que éramos.

Juliana: las fechas son importantes

El doctor me revisó y con base en la última fecha de menstruación, 25 de noviembre, nos informó que el bebe estaría a término para el 30 de agosto. Muy bien, ahora debía concentrarme en trasladar a nuestra familia a la República Dominicana por unos años según el contrato de mi esposo con la empresa para quien labora. Le conté a todos nuestros amigos sobre el nuevo miembro que venía en camino y justo el día antes de partir de Costa Rica hacia República Dominicana, nos juntamos y celebramos tanto al bebé como el partir a una nueva experiencia de vivir fuera de nuestro querido país. Todo era perfecto e iba según el plan. No podía pedir más, ¿verdad?

Llegando a la República Dominicana, pronto mis achaques y malestares del embarazo empezaron a ceder: nuevamente tenia energía, no estaba mareada, no andaba con nauseas ni sueño extremo. Creí que todo volvía nuevamente a la normalidad….hasta que un sangrado inesperado cambió todo lo que teníamos planeado para ese año como familia. Cuando vi el sangrado llamé a mi esposo y fuimos muy rápido a buscar un hospital. Luego de una revisión inicial, varios ultrasonidos ( me hice chequear varias veces con diferentes equipos…) y algo de descanso, era definitivo: había perdido a mi bebé. No había nada que se pudiera hacer. Tenía varias semanas de haber dejado de crecer en mi vientre.

Viniendo de una familia un poco disfuncional y de haber vivido tantísimas cosas en mi vida, no creí que algo pudiera doler tanto como saber que había perdido a ese bebé. Según los exámenes genéticos realizados al embrión, éste era una niña y todos sus cromosomas estaban bien: no se sabia porque la había perdido. La llamé Juliana. Y lloré por muchos días el que ya no estuviera dentro de mi, llore el no verla crecer, llore porque la vida (  ¿o Dios?) me había negado a esa bebé. Lo que me sacaba de mi tristeza era tener que atender a Jimena. No podía darme el lujo de sufrir mucho porque Jimena me necesitaba

La visión y la promesa

Un día me sentía demasiado triste como para levantarme y fingir que todo estaba bien y que “Dios sabía porque hacia esto”, y tuve lo que creo fue una visión: me pareció ver la mano de Dios entrar a mi vientre y escuche en mi mente y no con mis oídos las palabras “te prometo, te lo devolveré”. Me desperté y recordé lo que oí. De una forma misteriosa, me sentí bien de repente, me sentí feliz porque ese bebé volvería y estaba segura de eso. ¿Dios me lo había prometido? No sé, pero quise creer que así era. En ese momento mi relación con Dios no estaba en los mejores términos que digamos.

Felipe: las fechas son importantes

En mayo del 2010 el doctor nos dió luz verde para empezar a pedir bebé de nuevo. Paso el 2010 y en diciembre estamos en Costa Rica en la casa de mis suegros cuando nos invitan a la casa de un amigo a pasar la tarde. Por algúna razón sentí mucho cansancio y “pedí permiso” para quedarme descansando. Al día siguiente me sentí igual. “ Hmmmm, esto esta medio raro. Voy a ir a la farmacia y compraré una prueba de embarazo”. Efectivamente estaba embarazada!!! Al día siguiente lo pudimos confirmar con una prueba de sangre!!! Nuevamente, pero ahora con un poco de temor, saqué la cita de control médica…

¿Por qué son importantes las fechas? La última menstruación había sido el 30 de noviembre y este bebé estaría para el 07 de setiembre. Dios había cumplido su promesa: estaba nuevamente embarazada y prácticamente las mismas fechas…

El embarazo

El embarazo transcurrió bastante normal. Luego de haber pasado las primeras 10 semanas que fue cuando perdí a Juliana, podía esperar que este embarazo si continuaría. Tenia tantas náuseas y malestares que no me quedaba la menor duda: estaba “bien embarazada”, y hasta me hacían feliz porque quería decir que este bebé estaba haciendo de los suyas con mi cuerpo…y eso era genial!

Que pancita tan bella donde crece mi bebé!

 Los exámenes médicos

Pasaron dos eventos, o mejor dicho tres eventos que debo resaltar durante este embarazo. El primero fue el ultrasonido de las 12 semanas. Cuando mi doctor de Costa Rica me realizó el ultrasonido de Jimena en esa semana, se tomo su tiempo en explicarnos lo que buscaría y la importancia de esa semana. Nos toco el tema del síndrome de Down, la traslucencia nucal, el puente de la nariz, las medidas, etc. El doctor se esmero haciendo ese ultrasonido. Todo había salido bien.

En República Dominicana el doctor que hizo el ultrasonido no hablo de nada y solo tardó si acaso unos 3 minutos haciendo la revisión. Todo había salido bien, según él. Sin embargo, al salir de la consulta yo me tiré en un sofá a llorar como una loca: este doctor no hizo bien las cosas, ¿qué haría si algo relevante se le escapaba? Yo siempre tengo que tener un plan y saber con antelación para ver que debo de hacer!! Llegué a la casa y compare el ultrasonido de Jimena con el de este bebé: el de Jimena tardo casi 20 minutos versus 3 minutos en este ultrasonido.

El segundo evento fue la prueba AFP4, una prueba de sangre mediante la cual se detectan distintos riesgos de espina bífida, trisomia 18 y trisomia 21 ( trisomia 21 es otra forma de denominar al síndrome de Down). Cuando me realicé la prueba el doctor fue muy claro en indicarme que el hacer esta prueba era para descartar anomalías y/o prepararse para lo que se detecte. Yo estaba completamente de acuerdo con la idea de detectar antes cualquier “problema” para prepararme para lo que debía enfrentar. Ahora sé que no tenia la menor idea de lo que pensaba o creía en ese momento….nada me hubiera preparado suficiente.

La prueba regreso cuando yo estaba en la semana 24: dió positivo para “Down Syndrome”. La prueba recomendaba amniosintesis y “professional couseling”. ¿Me pueden creer que no entendí lo que leí? Busqué en Internet y no entendía lo que estaba leyendo. Eso no era para mi. Y así me lo confirmo el doctor. Cuando le entregué los resultados y le pregunté qué significaba eso de “Screen Positive for Down Syndrome”, me dijo “nada, no significa nada, tu quédate tranquila” y así fue.

 La maravilla de la ignorancia

Terminado esos dos eventos, continué con mi embarazo. Un dolor por aquí otro por allá y el milagro de los ejercicios que me los quitó todos. Cada día mi panza mas grandota y yo feliz con este bebé hermoso y perfecto que Dios gestaba en mi. Les mencioné un tercer evento, ¿verdad? Pues éste fue el ultrasonido para definir el sexo del bebé. Este me lo hice en Costa Rica, donde mi doctor de siempre y en la compañía de mi hermana Ingrid quien también estaba embarazada de Mateo quien nacería el 26 de mayo.

Como? Tendre un hermanito?

El doctor empieza a buscar las partes íntimas de mi bebe, veo una protuberancia bastante grande “ Es un varón!” dijo el doctor. “¿Como??? No, no es posible”! pensé, “Dios me prometió que me devolvería a Juliana y ¿es un varón? ¿Qué pasó? ¿Qué hago yo con un varoncito si mi vida es “rosada” ( somos mi mamá y 2 mujeres y me encanta mi género y tengo a Jimena)?”

Ahora, sabiendo que es un varoncito me di a la tarea de investigar “cómo se cría a un hombre” así que compre el libro “Cómo criar varones, del Dr Dobson”. Que dicha que ahora hacen los libros con esos títulos porque esperaba encontrar algo como “Criando varones for Dummies”. En fin, el libro del Dr Dobson fue una maravilla…espelúznate! “Los hombrecitos son terribles!”, pensé al terminar el libro.

Ese libro me hizo reflexionar mucho sobre lo que quería para la vida de Felipe: lo visualicé, lo imaginé creciendo, cómo debía de enfocar mi crianza hacia él para que fuera un buen adolescente, un buen hombre, profesional, padre, ciudadano. Imaginé su boda, su esposa, sus hijos, como mantenerlo en el camino de los estudios para que fuera un profesional u hombre de negocios, como debía tratar el tema de Dios para que sea un hombre temeroso y que honre el propósito para lo que Dios lo creo varón, ser jefe de familia, ejemplar, respetuoso de las mujeres, etc, etc, etc.

Poco sabia de cómo la vida nuevamente iba a girar y todas esas cosas que me “preocupaban” iban a dejar de tener tanta relevancia.

Te estamos esperando Felipe!

Me ilusiona conocerte.

El día del parto

El doctor me cambió la fecha de parto por cesárea ( no me gustan los partos normales…prefiero lo previsible y planeado) para el 22 de agosto. Felipe estaba enorme y listo para nacer…y yo ya no lo aguantaba. ¡Necesitaba que me lo sacaran!!!

Aquí vamos…

Listos!

El día del parto fue precioso, sentía la emoción de poder anticipar la felicidad al escuchar su llanto al nacer. Ya sabía qué esperar en la operación, estaba en la misma clínica en Costa Rica y eran los mismos doctores quienes me atendieron en el parto de Jimena: mi doctor ginecólogo cirujano, junto con su anestesiólogo lleno de cariño para sus pacientes y un pediatra neonatólogo devoto a su profesión con un gran amor hacia la gente y los niños. No podía pedir más. Yo estaba demasiado feliz.

Mi doctor vino a preguntarme previo a la cirugía si había pensado en la salpingectomia y si quería realizarla. Yo no había tomado una decisión aún, pues me debatía entre lo que me encantan los niños y mi edad. Ya tenia 37 años, si esperaba 2 años para el próximo bebé, tendría 39….mejor me operaba pues el riesgo de tener un niño con algún “problema” era mayor. Así se lo hice saber al doctor y éste me la realizó.

Nace Felipe

La cirugía fue un éxito. Me dejaron ver cuando sacaban a Felipe, lo oí llorar, todo era precioso. Mi esposo estaba allí como siempre vestidito de “doctor”. Mi amiga Pamela estaba tomando las fotos. Todo estaba saliendo como se planeó o ¿no?

Bienvenido precioso!

El neonatólogo toma a Felipe y empieza a revisarlo allí mismo para hacerle la prueba Apgar. En eso, el pediatra dice algo imperceptible al oído común y silvestre de un cristiano sin conocimientos médicos. Todos los doctores se detienen, miran a Felipe, levantan sus miradas y miran al doctor que sujeta las manos de Felipe abiertas y se miran entre ellos. Hay un brevísimo silencio. Todos retoman lo que están haciendo. Al fin y al cabo, ¡ahí estoy yo tendida con un gran hoyo en mi panza! Es un momento que tarda unos pocos segundos pero Franz lo percibe. El doctor toma a Felipe y lo lleva a otra mesa para limpiarlo y hacer todo lo que los doctores le hacen a los recién nacidos. Franz le pregunta al doctor si todo está bien. Y el doctor le dice que sí, que todo está bien. Arropan a Felipe y me lo traen a mi. Lo veo, lo beso, lloro de felicidad, no sospecho nada, solo me llama la atención esa naricita que no se parece a la de nadie. Se llevan a Felipe y Franz se va con el doctor. Me duermen y despierto un par de horas después en la sala de recuperación.

Estaba agradecida con Dios, feliz y lista para ver a mi gran hombrecito.

 

 

 

 

La noticia

Estando en la habitación, me traen a Felipe. ¡Que bebé tan hermoso!!! Me lo dan y cuando veo su carita digo en son de broma: “¡pero Dios, si no se parece a nadie! ¿De quién es esa naricita? ¿Quién es el papá? Miro a Franz y él esta serio, no sonríe. Asi que pensé que me había pasado con ese comentario.

Lo pongo en mi pecho e inmediatamente lo toma y empieza a lactar como si toda la vida lo hubiese hecho.

 

Yo seguía tratando de ver de quien era esa naricita. ¿De mi suegro? No. ¿De mi suegra? No. ¿De Franz o mia? Definitivamente no.

Llegó la familia, trajimos a Jimena, todo transcurrió con la misma normalidad esperada.

Mi hermana Ingrid y Mateo de 3 meses

 

Mucho rato después, cuando ya casi no había gente en la habitación, Franz le pide a mi suegra retirarse para hablar conmigo a solas. Mi suegra sale. Franz se pone de pie al frente de mi cama y con la voz entrecortada me dice: “Tengo que decirte algo que me dijo el doctor”. Me asusto, no entiendo de qué habla y le pregunto si es de Felipe. Y el asienta: “sí, de Felipe”. Nos quedamos callados y en eso me dice con un nudo enorme en la garganta: “dice el doctor que le parece que Felipe nació con síndrome de Down”.

“¿Síndrome de Down? Cómo? ¿Qué es eso? Pero si el bebé esta super bien, Felipe no tiene nada”, pensé o dije, no recuerdo bien.

“¿Qué quieres que hagamos? ¿Quieres que le digamos a la gente? ¿O prefieres esperar?” me pregunto Franz.

“No le digamos a nadie. Felipe no tiene nada. El doctor esta equivocado. Felipe no tiene nada.” fue lo primero que se me ocurrió decir.

Yo pensé que el doctor dijo “me parece”, no estaba confirmando nada, así que podía estar equivocado. Un niño con síndrome de Down no es lo que vi en Felipe. No, jamás. Es un niño enfermo, es un niño retardado, es un niño con su carita muy distinta. De algún modo creía que era una enfermedad degenerativa y que mi bebé se iba a morir. 

Yo empece a llorar. Franz lloraba también.

Pensaba en lo que esto significaría para Felipe

El doctor llegó en la tarde y se sentó a explicarme porque él creía que Felipe era un bebé con síndrome de Down, cuál era el protocolo para estos casos y fue muy entusiasta al decirnos que él veía a Felipe bastante bien: tenia la típica hipotonía, pero tomaba muy bien el pecho mío, el corazón se le oía bastante bien, no venía con oclusión intestinal ya que había ensuciado su primer pañal muy bien luego de tomar el pecho lo que indicaba un buen funcionamiento del estomago…..bla bla bla bla…Mi cabeza giraba, sentía caer en un hueco y solo escuchaba una voz lejana y no era conmigo con quien hablaba. Esto no estaba pasándole a mi hijo….¿Qué es todo esto que vió el doctor?….El siguió: “ tiene ciertos rasgos típicos de la condición: la línea en las palmas de las manos, la línea entre los ojos y las orejitas, la redondez del rostro, la hipotonía que significa que el niño es como un muñequito de trapo sin fuerza muscular, el dedo separado en el pie”…bla bla bla “pero si Felipe está precioso, no tiene nada, es solo un recién nacido, ¿qué recién nacido tiene fuerza?” pensaba yo. El doctor continuo y nos indicó una serie de exámenes a realizar cuanto antes: cardiólogo, oftalmólogo, genetista, gastroenterólogo, fisiatra, así como hacerle el cariotipo para confirmar la condición. Según nos decía él, puede ser que Felipe no tenga nada pero es mejor revisarlo completamente. Nos dijo que no nos preocuparamos pues estos niños se desarrollaban lo más parecido a un niño regular.

Los días de negación, temor y esperanza

El cariotipo tardo 12 días en que nos fuera entregado. Tan pronto salimos de la clínica, fuimos directo al cardiólogo, quién reviso ese cuerpecito pequeñito sobre una cama enorme y fría. Yo lloraba tanto, lloraba porque quería haber salido de la clínica hacia la casa, porque no quería ver a Felipe ahí siendo examinado, no quería nada malo para mi hijo. Lloraba como nunca había llorado, el dolor era tan profundo que sentía que se me acababa el aire. Seguidamente fuimos a hacerle la prueba de sangre para el cariotipo. Felipe le dio tanta lucha a los enfermeros que tomaron su prueba que pensé: “¿cómo un niño con síndrome de Down va a necesitar a 3 hombres para que le saquen una muestra de sangre? Y ¿la hipotonía y que sé yo ocho cuartos?“ Ahí empezó la negación.

Los días que transcurrieron entre llevar a Felipe a la casa y que nos entregaran el cariotipo fueron días en que pase de la esperanza al dolor a cada rato. Veía a mi bebe y no lograba verle un solo rasgo del bendito síndrome. Busque en Internet todo cuanto pude y todo era feo, horrible. No encontraba nada positivo. Todo era solo condiciones médicas asociadas al síndrome de Down que me llenaban de horror y dolor. Luego venia la esperanza: Felipe es grande, no es pequeñito como dice en Internet; Felipe no tiene la lenguita afuera como dice Internet; Felipe tiene las rayitas en las manos pero Jimena también ( ¡que cosas de la vida! Jimena también tiene las mismas rayitas en las palmas de la mano! Eso me dio mucha esperanza); Felipe toma muy bien el pecho, Felipe no tiene nada. Luego lo veía y nuevamente notaba su naricita y los rasgos de sus ojitos y volvía a llorar. Toda la información que encontré en Internet fue triste. No sabía a dónde recurrir.

Decidi no ver más y por más curiosidad que tuviera no volví a revisar nada en Internet. Saqué la cita con el genetista con la esperanza de que iba a tener que cancelarla porque no iba a ser necesario ir. Sin embargo, el día previo a la entrega del cariotipo, mi cuñado Ricardo insistía que viera al hijo de Sara Palin quien había nacido con síndrome de Down y había sido diagnosticado en el embarazo con la misma prueba que me hicieron a mi ( ¿!!? ) y luego una amniosintesis. Tome fuerzas y valor de no sé donde y me senté frente a la computadora, abrí Google y digite “Sarah Palin” y allí salian todos los links con la gran noticia “ el 5to hijo de Sarah Palin había sido diagnosticado con síndrome de Down”. Con mucho temor y un corazón que latía a 1000 por hora, abrí un link con fotos…y allí estaba: Trig Palin era sumamente parecido a Felipe. Su naricita, sus ojitos. Mi corazón se destrozo…Felipe de fijo era un niño con síndrome de Down. Fue cuando lo supe.

Los segundos que te cambian para siempre: el diagnóstico

Al día siguiente, nos confirmaron que los resultados estaban listos. Franz fue por ellos y tardó 2 larguísimas horas en regresar con estos. Yo sentía un fuerte dolor de estómago y de corazón y sentía que el diafragma no estaba cediendo bien para que yo respirara. Nos sentamos y Franz abrió el sobre, sacó el resultado y soltó con un sollozo que le salió de lo mas profundo de su ser:   “ es positivo”.

Nunca olvidaré ese momento porque no sabía que aun se podía sentir más dolor del que ya había sentido. Empecé a gritar, empecé a llorar y llorar, tan fuerte y tan duro que me ahogaban mis propios ruidos. Tenía a Felipe frente a mi en su sillita de canasta con sus ojos abiertos viéndome. Jimena me abrazaba y me decía que no llorara, que ella me iba a cuidar. Creo que todos empezamos a llorar. Nos abrazamos. Mis suegros estaban super positivos diciendo que todo iba a estar bien y que con la ayuda de Dios todo estaría bien. ¡Otra vez estaban metiendo a Dios en esto!! Dios estaba haciendo esto, ¿en qué iba a ayudarnos? Mi fe volvió a caer en un abismo.

Lloré como nunca había llorado en mi vida, caminaba llorando, comía llorando, veía tele llorando, jugaba con Jimena llorando, daba pecho llorando, manejaba llorando, dormía llorando. Lloré por dos días y medio. Lloré hasta que no tenía más fuerza para hacerlo. Cuando veía a mi pequeño pensaba en que gracias a mi él iba a tener una vida desgraciada, corta, llena de dificultades. Todo era mi culpa. ¿Cómo le había hecho eso a ese ser inocente? ¿Por qué quise tener mas hijos? ¿Quién me creía que era para deshacerle la vida a alguien de esa forma?

Y ahora ¿qué iba a hacer? Pues este blog les va a contar lo que hemos venido haciendo, cómo fue mi proceso de aceptación y disfrute pleno, como hemos ido tomando ciertas decisiones para Felipe y cómo es nuestra vida actualmente. Esperamos que sea de ayuda e inspiración. Esperamos que nos puedan ayudar con sus experiencias y entre todos apoyarnos por el bien de nuestros hermosos hijos Down.

59 pensamientos en “Nuestra historia

  1. Gracias por compartir tu historia me emociono tanto q me hizo llorar y recordar que al igual q tu yo tambien tengo que seguir adelante con mi nena q tiene 6 meses de vida y tambien tiene sindrone de down. A veces me doy porvencida pero luego miro la sonrisa q me pone y sus gestos q me olvido por completo q tiene esa enfermedad pero Bueno hay q luchar Cada dia porq Dios me la puso en el camino el sabra porq lo hizo
    Te felicito y suerte con tus bebes

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  2. Hola Tina. Gracias por compartir tu historia conmigo. Mira, la pura verdad es que NO SOMOS PADRES ESPECIALES, somos padres que adoramos y amamos a nuestros hijos. La otra verdad es que NO LLEVAREMOS VIDAS ANORMALES, podemos llevar vidas bien normales pero con mas esfuerzo y trabajo que un padre de un hijo regular. Sin embargo, una cosa por la otra: mi hijo Felipe tiene 2 años y 3 meses y con él he trabajado bastante, he cedido tiempo personal y de actividades que me gustarían hacer por dedicárselo a él y se que mi vida es un poco distinta a la de mis amigas pero por otra parte, un dia de éstos se le cayo un poco de jugo en el piso, Felipe así de niño que es, se fue caminando, se subio a la mesa, tomo una servilleta, limpio el jugo del piso y me dio el papel sucio y me regalo una sonrisa. Que niño de 2 años hace eso?!! Mi hija que es un amor y es una preciosa jamas ha hecho algo asi. Sabes en que no seremos “normales”? En que nuestros hijos traen en ese cromosoma adicional, una cantidad extra de ternura, sensibilidad y compasión hacia los demás. Son personas buenas desde lo mas profundo de su ser. Tu hijo no se meterá en problemas, no andara en drogas, ni en pandillas, ni saliendo tarde en la noche, ni será un adolescente problemático, no te pedirá el ultimo grito de la moda, etc, etc. Tendrás que enfrentar otras situaciones pero no las de un hijo altanero y desobediente. Son personas buenas y distintas en ese sentido. Son agradecidos, son felices y lo único que te va a pedir tu hijo es dosis exageradas de amor, confianza, ternura, paciencia, muchas risas y mucho compartir. Yo creo que es por eso que les dicen “especiales” y por eso nos dicen “especiales” a nosotros también. Pero no olvides que son personas, son seres humanos como cualquier otro, no es un angel ni es un niño toda la vida, ni es tonto ni retrasado, nada de eso! El tiene SU PROPIA personalidad, gustos, preferencias y capacidades y tu responsabilidad como mama es hacerlas brotar, cultivarlas, cuidarlas y ayudarlo a que el sea una persona realizada y plena como cualquier otro pero a su propio ritmo y habilidad.

    Yo te recomiendo tener otro hijo, pues a mi me gustan los niños aunque ande todo el dia agotada y frustrada por no tener tanto tiempo para mi como quisiera, pero valen la pena. La experiencia para la familia es importante. Ademas tu otro hijo se convertirá en el mejor maestro y protector de tu hijo y ambos se apoyaran mutuamente de una forma muy única y especial. Date tiempo. Pero si quieres una familia con mas hijos, que el hecho de que tu primer hijo tenga síndrome de Down no te detenga. Vas a ir viendo que el síndrome de Down no es tan terrible como se lo ponen a uno. Date tiempo y por ahora disfruta a tu hijo que mucho te costo traerlo al mundo y entre los 5 mil óvulos que tienes desde que tu mama te formo en su pancita, Dios eligió precisamente éste para que naciera y que naciera con SD. Suena como una ironía, pero la vida te mostrara que has sido bendecida y escogida. Demuéstrale a Dios que te eligió bien y dale gracias por que El vio en ti un sin fin de frutos, capacidades y habilidades para dar forma a un ser tan único como lo es un hijo y en especial un hijo con síndrome de Down. Un abrazo y gracias por seguir la vida de Felipe. Arlyn

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